lunes, 16 de febrero de 2009

Comprensión

Arendt valorará a lo largo de su filosofía la espontaneidad de lo humano como consecuencia de la libertad[1], que se traduce como lo totalmente inesperado. Es decir, en su pensamiento encontrará la pluralidad un papel central “como signo distintivo de lo humano”[2], es la supremacía de lo singular y diferente sobre dicha base, en tanto que condición humana. Es “el principio normativo fundacional de la política y la praxis”.[3]

Considerando lo imprevisto[4] que resulta la vida y praxis humana debido a la pluralidad resulta consistente que en su análisis realizado en Los orígenes del totalitarismo de 1951, Arendt asuma que dicho modelo político presenta acontecimientos, prácticas y contextos significativamente diferentes a las formas políticas que antes del siglo XX se conocían.

Tomemos en cuenta que como pensadora judía del siglo pasado, y a escasos años, podría decirse legítimamente días, se percata de la importancia de evitar subsumir a categorías ya conocidas, como autoritarismo y tiranía, un fenómeno político que presenta estructuras y acontecimientos totalmente nuevos. “Arendt mantiene la tesis de la singularidad del totalitarismo y del terror Nazi”.[5] Cristina Sánchez considera que es en esto totalmente novedoso en donde Arendt se encuentra en la necesidad de adentrarse en la comprensión.

De acuerdo a la filósofa de Hanóver:

La comprensión, sin embargo, no significa negar la atrocidad, deducir de precedentes lo que no los tiene o explicar fenómenos por analogías y generalidades tales que ya no se sienta ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa, más bien, examinar y soportar conscientemente la carga que los acontecimientos han colocado sobre nosotros –ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido de otra manera –. La compresión, en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la realidad –cualquiera que sea o pudiera haber sido ésta.[6]

En cierto sentido, comprender es enfrentarse a la vida política, a lo que acontece, no como lucha constante, sino a la manera de ponerse de frente, y tener la capacidad de pensar sobre y para ello. Es un pensar y reprensar el pasado y sus implicaciones en el presente y futuro, a la vez poniendo ante nuestros ojos el presente que nos concierne, proyectándonos hacia el futuro.

Arendt en 1953 apuntará que el comprender posibilita la reconciliación con el mundo: no en tanto que darle sentido, sino en una suerte de compaginación con la realidad tal y como es, concediéndonos el reconocimiento de pertenecer a ella como actores. Es decir, la comprensión, en oposición al desarraigo que implica superficialidad en el vivir, provee de profundidad a nuestro estar-en-el-mundo como posibilidad de reconocer y encontrar una patria en él, habitar en el mundo. Es la capacidad de echar raíces, y salir de la condena de la superficie “que engendra desdicha sin sentido y el sufrimiento carente de sentido”.[7]

Es apropiarse de la realidad política para poder habitarla y nacer en ella. Se desprende entonces que no implica “comprender al otro, sólo el amor sin mundo ‘comprende’ al otro”[8]. Consiste en apropiarse del mundo y entenderlo tal y como éste me parece no exclusivamente a mí, sino al otro. Es así como la comprensión se convierte en empatía, tal como la encontramos en Dilthey[9].



[1] Deberá incluirse el apartado realizado sobre qué es la libertad talvez párrafos antes para comprender cómo es que la pluralidad es la consecuencia y posibilidad al mismo tiempo de ésta.

[2] Epstein, L., La pluralidad como fuente de desarrollo, Tesis de Maestría en Análisis Político y Medios de Información, EGAP- ITESM, México, 2007, p. 8

[3] Ibíd., p.9

[4] Recordemos el papel fundamental que concede a la natalidad como el milagro que salva al mundo como posibilidad de un nuevo comienzo que salva la esfera de los asuntos humanos de su ruina.

[5] Sánchez, C. Hannah Arendt: “Terror y banalidad del mal en el totalitarismo”, en García, D.E., Hannah Arendt, El sentido de la política, Porrua-ITESM, México, 2007, p. 59

[6] Arendt, H. Los Orígenes del totalitarismo. 1. Antisemitismo. Madrid, Alianza, 1981, p. 19

[7] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 322

[8] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 437. Relevante posición respecto a Heidegger.

[9] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 507. Necesario revisar concepto de empatía en Dilthey.

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