domingo, 3 de mayo de 2009
Sigo con lo del homelessness
El tema del exilio, y más que el exilio, de nunca pertenecer por completo al mundo sino siempre considerarse como recién llegada o homlessness en el mundo... me ha llamado desde siempre la atención y a lo mejor no he tomado el demasiado cuidado para darle la importancia que al menos creo se mererece. Sobretodo porque es resultado de alguna manera del proyecto de la modernidad que platean los ilustrados que desemboca en el totalitarismo que a Arendt tanto ocupa.
En fin... es importante hilar esto con el nacimineto y la natalidad.
No es el hilo negro y más bien es una obviedad
En fin estaba en esas cuando leí sobre la noción de homelessness in the modern man y en cierto comentario que Nash realizó por lo que está sucediendo con tanta paranoia de lo de la influenza: ella dijo que nuestro planeta está buscando un equilibrio en donde posiblemente no y no necesariamente el hombre esté incluido. Y como por arte de magía conecté mi creciente y siempre presente interés en las neurociencias (que me cuesta trabajo fomentar como cualquier otro interés que tengo) y mi interés en la experiencia que hablo arriba: en tanto que condición humana se encuentran conectados los aspectos experienciales, biológicos y psicológicos que permiten la comprensión del sí mismo, o del da-sein o del hombre, aunque ninguno de estos sean sinónimos... y al mismo tiempo lo sean.
Arendt, lo sabía pero ahora sé que es un hecho, rehuía a cualquier enfoque en donde fuera explícito la relación entre su experiencia vital y su pensamiento, en su afán de no mirar se le presenta como en medio. También odia el psicoanálisis... pero encuentro ciertas relaciones.
Seguiré leyendo... espero
miércoles, 18 de marzo de 2009
Será que será...
La cuestión está que emplear la palabra reconciliación posiblemente le causaba más conflictos debido a que justo es de Hegel de quien intenta desprenderse.
sábado, 7 de marzo de 2009
Hoy estoy desolada
Mi intento es realizar una investigación, investigación que he dejado y retomado no sé cuantas veces. Un proyecto que tengo desde, me parece, sexto semestre de la carrera... es decir hace más o menos 4 semestres que estoy en esto... y que al mismo tiempo no estoy. La idea ha sido siempre la misma: entender qué quiso decir Arendt con perdón, y por qué después de todo lo sucedido postula el concepto.
Estoy con la plena seguridad que de otra forma su vida y su obra no hubieran tenido consistencia. Tenía una profunda confianza en la humanidad, que si lo pensamos... no es lógica, pero si coherente... no queda de otra. Fina Birulés, experta en la autora, en el prólogo a los Diarios Filosóficos incluye como epígrafe, una frase de Albert Camus:
"... cada generación se cree dedicada a rehacer el mundo. Sin embargo, la mía sabe que no lo hará. Pero acaso su misión sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga"
En un afán de intentar, lo primero que me vino a la mente: salir, pero más bien permanecer en mí mismo estado de ánimo y mirarlo de frente... decidí, después de estar completamente absorta en actividades que hacían me dispersara en otra cosa, que mi tesis era buena opción para ocupar mi mente... finalmente es una investigación que realizo con cierta pretensión de academia y de investigación formal, pero mi más grande temor y posiblemente lo que más puede ayudarme: muy bien sé que la relación entre el tema escogido y mi vida, y yo misma... es ineludible... Quiero comprenderla y comprender lo que dice porque tengo la certeza que así me comprenderé un poco más a mí misma.
¿Es ésta una posición legítima para iniciar y desarrollar una investigación con pretensión de no ser, al menos en apariencia, autobiográfica, o mejor dicho, de autoconocimiento? No lo sé, pero es del punto a partir del cual estoy partiendo, con cierto temor a de no ser fiel a Arendt en algún mo. (Bien podría incluir el último capítulo sobre mis propias percepciones).
Hace unos instantes esto me vino a la mente, es un pensamiento que me hubiera gustado inagurara el sitio dedicado a mi reflexión sobre Arendt... en cierto sentido lo hace, porque será lo primero escrito originalmente para acá:
Cuánto me hubiera gustado haber estado en esa sala que en 1973 vio por última vez la luz de vida en los ojos de Hannah Arendt, junto con algunos amigos. Instantes antes de su muerte… yo le hubiera preguntado:
Hannah, tú que tanto has vivido, tu que tanto has perdonado, que aprendiste a ser mujer en tierra de hombres, que aprendiste a ser mujer y punto, que aprendiste a pensar sin patria. Dime ¿qué es el perdón? Porque sinceramente no sé perdonarme.
lunes, 16 de febrero de 2009
Comprensión
Arendt valorará a lo largo de su filosofía la espontaneidad de lo humano como consecuencia de la libertad[1], que se traduce como lo totalmente inesperado. Es decir, en su pensamiento encontrará la pluralidad un papel central “como signo distintivo de lo humano”[2], es la supremacía de lo singular y diferente sobre dicha base, en tanto que condición humana. Es “el principio normativo fundacional de la política y la praxis”.[3]
Considerando lo imprevisto[4] que resulta la vida y praxis humana debido a la pluralidad resulta consistente que en su análisis realizado en Los orígenes del totalitarismo de 1951, Arendt asuma que dicho modelo político presenta acontecimientos, prácticas y contextos significativamente diferentes a las formas políticas que antes del siglo XX se conocían.
Tomemos en cuenta que como pensadora judía del siglo pasado, y a escasos años, podría decirse legítimamente días, se percata de la importancia de evitar subsumir a categorías ya conocidas, como autoritarismo y tiranía, un fenómeno político que presenta estructuras y acontecimientos totalmente nuevos. “Arendt mantiene la tesis de la singularidad del totalitarismo y del terror Nazi”.[5] Cristina Sánchez considera que es en esto totalmente novedoso en donde Arendt se encuentra en la necesidad de adentrarse en la comprensión.
De acuerdo a la filósofa de Hanóver:
La comprensión, sin embargo, no significa negar la atrocidad, deducir de precedentes lo que no los tiene o explicar fenómenos por analogías y generalidades tales que ya no se sienta ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa, más bien, examinar y soportar conscientemente la carga que los acontecimientos han colocado sobre nosotros –ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido de otra manera –. La compresión, en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la realidad –cualquiera que sea o pudiera haber sido ésta.[6]
En cierto sentido, comprender es enfrentarse a la vida política, a lo que acontece, no como lucha constante, sino a la manera de ponerse de frente, y tener la capacidad de pensar sobre y para ello. Es un pensar y reprensar el pasado y sus implicaciones en el presente y futuro, a la vez poniendo ante nuestros ojos el presente que nos concierne, proyectándonos hacia el futuro.
Arendt en 1953 apuntará que el comprender posibilita la reconciliación con el mundo: no en tanto que darle sentido, sino en una suerte de compaginación con la realidad tal y como es, concediéndonos el reconocimiento de pertenecer a ella como actores. Es decir, la comprensión, en oposición al desarraigo que implica superficialidad en el vivir, provee de profundidad a nuestro estar-en-el-mundo como posibilidad de reconocer y encontrar una patria en él, habitar en el mundo. Es la capacidad de echar raíces, y salir de la condena de la superficie “que engendra desdicha sin sentido y el sufrimiento carente de sentido”.[7]
Es apropiarse de la realidad política para poder habitarla y nacer en ella. Se desprende entonces que no implica “comprender al otro, sólo el amor sin mundo ‘comprende’ al otro”[8]. Consiste en apropiarse del mundo y entenderlo tal y como éste me parece no exclusivamente a mí, sino al otro. Es así como la comprensión se convierte en empatía, tal como la encontramos en Dilthey[9].
[1] Deberá incluirse el apartado realizado sobre qué es la libertad talvez párrafos antes para comprender cómo es que la pluralidad es la consecuencia y posibilidad al mismo tiempo de ésta.
[2] Epstein, L., La pluralidad como fuente de desarrollo, Tesis de Maestría en Análisis Político y Medios de Información, EGAP- ITESM, México, 2007, p. 8
[3] Ibíd., p.9
[4] Recordemos el papel fundamental que concede a la natalidad como el milagro que salva al mundo como posibilidad de un nuevo comienzo que salva la esfera de los asuntos humanos de su ruina.
[5] Sánchez, C. Hannah Arendt: “Terror y banalidad del mal en el totalitarismo”, en García, D.E., Hannah Arendt, El sentido de la política, Porrua-ITESM, México, 2007, p. 59
[6] Arendt, H. Los Orígenes del totalitarismo. 1. Antisemitismo. Madrid, Alianza, 1981, p. 19
[7] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 322
[8] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 437. Relevante posición respecto a Heidegger.
[9] Arendt, H., Diarios filosóficos 1950-1973, Herder, Barcelona, 2002, p. 507. Necesario revisar concepto de empatía en Dilthey.